1. Cuando lea o presente poesía a los niños, no olvide que el objetivo principal es formar en el niño el gusto por la poesía, sensibilizarlo estéticamente, aumentar su gozo y no tanto enseñarle a analizar un texto poético.

2. La presentación de poemas requiere de un clima y un espacio adecuados. Los niños tienen derecho a relajarse y gozar de la belleza, el ritmo, el lenguaje o el humor que suscite cada poema. Por lo tanto, los poemas deben ser escuchados por los niños en el momento oportuno y no cuando estén exhaustos.

3. El maestro no necesita saber de memoria muchos poemas; lo importante es que sepa seleccionar los poemas que gustan a los niños (aquellos que son adecuados a su edad, experiencia y madurez), y que los sepa compartir.
4. Permita que sean también los niños quienes elijan los poemas que se van a leer o comentar en clase.

5. De todos los poemas que tenga a su alcance, escoja solamente los mejores, en vez de escoger los más largos o los más famosos. Importa más la calidad que la cantidad.


6. Antes de leer el poema a sus alumnos, determine dónde deben ir las pausas, para no afectar el sentido y la comprensión del poema. Recuerde que no siempre hay una pausa al final de cada verso.
7. Lea los poemas con la expresividad que su contenido lo requiera. Asimismo, lea los poemas con voz natural, sin sonsonetes, sin voz “de discurso” ni ademanes teatrales.
8. Un poema debe leerse más lentamente que un texto en prosa. Por lo general, después de la primera lectura pausada, se recomienda una segunda (o tercera) lectura en voz alta, para que el niño pueda evocar las imágenes más vívidas, aclarar algún aspecto o saborear alguna expresión particular.
9. No imponga la memorización de los poemas si no están dispuestos a ello, ni pretenda que todos los niños aprendan los mismos poemas. Tenga muy en cuenta las preferencias individuales y permita que cada alumno elija el poema que desee memorizar.
10. Dele a los niños el tiempo necesario para disfrutar de las palabras e imágenes del poema escuchado. Recuerde que en el lenguaje intenso de la poesía, cada palabra está cargada de mucho significado, y es rica en asociaciones y sugerencias.


11. No es difícil comprobar si a los niños les gusta un poema o no, aunque no se les pregunte. Basta observar sus reacciones espontáneas tales como sonrisas, ojos brillantes o absortos, bocas entreabiertas, repentinos cambios de humor, expresiones verbales, etc., para constatarlo personalmente.

12. El disfrute o interpretación de la poesía es totalmente personal. No insista en que a todos los niños les guste lo que a usted le encanta.

13. No explique la poesía (vocabulario o imágenes): es preferible dejarla obrar sola, como lo hace la música.

14. Estudie con los niños el género poético de manera inductiva. Es decir, permita que los niños analicen los elementos de un poema cuando hayan sido ampliamente sensibilizados a la poesía, y no antes.
15. Lea con entusiasmo mucha poesía a los niños; lea con ellos, escriba con ellos, invente con ellos, memorice con ellos. Y sobre todo, hágalo frecuentemente, con alegría y naturalidad.

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